Se encontraron a dos metros de profundidad, ahí en la calle de Guatemala, aquella que alguna vez se llamó la calle de las Escarelillas.
En las entrañas de la tierra permanecieron escondidos por cientos de años, los cráneos que causaron horror a Cortés y a sus hombres.
Sus ojos huecos, sus dentaduras casi perfectas parecen decir:
--- ¡Miren, la gloria de la gran Tenochtitlán, sigue viva a través de los siglos!
El altar dedicado a Huitzilopochtli sigue en pie son casi seiscientos cráneos los que conforman este altar... Seiscientos cráneos que horrorizaron a los castellanos y justificaron las masacres cometidas contra los mexicas en suelo sagrado.
Tengo la seguridad de que si los conquistadores hubieran apilado los cráneos de todos los hombres, mujeres, niños y ancianos que asesinaron en estas tierras, su tzompantli sería mucho más alto y tendría muchos más cráneos.
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